Arqueología del dolor

o la importancia de tener una libretita a mano para sacarte las cosas.

Arqueología del dolor es un libro de poemas donde los giros conceptuales y lingüísticos están a la orden del día. Es el fruto de un proceso de catarsis que nació de una libreta donde me solté y solté muchas cosas, dejando a un lado el miedo a ser demasiado (de alguna o cualquier cosa). Lee más sobre el proceso del libro aquí. 

Hace un par de años empecé a cargar una libretita con una P en la portada que me regaló una amiga. En la primera página le escribí P de Poesía, P de Pamela y empecé a ir cazando poesía porque caí en cuenta que yo en mis libretas y en mis notas del teléfono ya tenía la costumbre de apuntar cosas que decía la gente, lo que me llamaba la atención, y le iba poniendo una imagen mental a algo que que veía en la calle (en la vida real), a manera de subtítulo para tratar de entender lo absurdo y lo serio de la vida. Al añadirle una frase más, creaba un pequeño momento de eureka de lo cotidiano— de poder entender algo simple a través de pocas palabras.

Esta libretita fue lo que terminó convirtiéndose en el libro Arqueología del dolor, un poemario publicado este mes por la Editorial Lectio. Éste es un libro de poemas donde me reconcilié con mis diferentes disciplinas y empecé a entretejer la escritura, la ilustración y las artes visuales. Me solté y solté muchas cosas, dejando a un lado el miedo a ser demasiado (de alguna o cualquier cosa).

Vi cómo podía tratar la imagen como palabra o una palabra como una imagen, moviendo letras y entré por ahí al empezar a analizar lo que pasaba a mi alrededor. Esto siempre ha estado presente en la poesía, no es que me lo haya inventado yo, pero aún no había entrado en contacto directo con ello.

Prestar atención es cuestión de saber qué registrar, qué seleccionar versus que dejar ir.
Quiero compartir la importancia de tener una libretita a mano e ir registrando, analizando nuestro entorno, porque creo que así es como se juntan arte y vida. Ir analizando nuestro entorno a través de herramientas de la creatividad, como lo son el dibujo y la escritura, permiten poner una distancia entre lo que se siente y cómo se entiende.

La inspiración está donde uno menos la espera. Si te pones a pensar, esperar a que se te ocurra una idea puede ser difícil, pero si uno está observando y escuchando, las ideas están revoloteando por ahí todo el tiempo.

Todo el mundo tiene la capacidad de juntar cosas diferentes. El pensamiento poético es lo que nos permite juntar dos cosas aparentemente inconexas y al juntarlas, encontrar un pequeño boom, de la pequeña sonrisa en tu mente que surge ante un hallazgo. Porque una creación no es una novedad sino el fruto de juntar cosas que antes no estaban cerca.

Quiero compartirles el detrás de cámaras de algunos poemas del libro, mostrando un poquito dónde nacieron. El primer poema que abre el libro fue  uno de los primeros que escribí, y con el cual me percaté de que ‘ahí había algo’. Mis poemas cortos me daban para hacer algo más.

Soy yo, o lo que queda de mí.

Esto se lo escuché a una recepcionista cuando estaba esperando una cita médica y suspiré pensando: qué bonito esto que está diciendo esta señora un viernes en la tarde desde su cansancio.

Evité por mucho tiempo ir con auriculares, sin música, para estar pendiente de lo que decía la gente. Ya no lo hago todo el tiempo, pero está muy bien estar atento de lo que pasa alrededor.

La gente no se da cuenta que a veces dice cosas lindas y escupe poesía como saliva al hablar. Yo me las robo con mi lápiz, borrando de ellas lo efímero.

Si estamos prestando atención, en cualquier conversación alguien termina diciendo algo lindo sin proponérselo. Captar eso me da una pequeña alegría de lo cotidiano cuando la gente se muestra de verdad.

Esta foto la tomé en un viaje que hice con mi familia. Es un muro roto en medio del camino que me pareció bonito porque parecía ahí puesto. Mi cabeza le intentó poner palabras:
El muro que cayó vio belleza en su caer y guardó su pose desbaratada, contemplándose roto para que quien le viera viera proceso y no final.

Para mí es muy importante mostrar el proceso de los procesos creativos porque hace a los demás partícipes de lo que la mayoría de veces desarrollamos en soledad. Como lo dice el título, y lo podrán intuir, este poemario fue también un proceso de catarsis. Llevaba un peso encima de cosas no resueltas, corazones rotos, ansiedad. Con este poemario hice una indagación de todo eso a partir de lo que escuchaba y lo que iba sintiendo.

Observar, escuchar y anotar me dio palabras a lo que yo trataba de sacar. Fue un proceso de catarsis en el que logré entender que hay que sacar lo que uno tiene en la cabeza, hay que salir de ello. Espero que ustedes también puedan conectar con cosas que quieran sacar y se animen a hacer arqueología de sus dolores.

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Diseñé esta portada haciendo las letras de hormigón con encofrado de carton. Las ilustraciones del interior las dibujé también ^_^